Cuando la cabeza se convierte en la parte más fragil


Mathias Coureur en la foto oficial del equipo. Foto: Atlético Baleares.

Son héreos del mundo moderno, figuras públicas examinadas con lupa, personas entrenadas para aguantar una gran presión, para poder convivir con el éxito y el fracaso: son futbolistas. Desde pequeños viven por y para el balón, desde muy jóvenes emigran, cambian de ciudad, de país e incluso de continente, buscan mejorar en otro lugar, buscan entrar en las mejores canteras del país. Niños, crios, jóvenes que buscan perseguir su sueño: ser futblistas.

Muchos se quedan por el camino, otros, aunque sueñan con jugar en Primera División, tienen que replantearse su futuro y empezar en categorías semiprofesionales como Segunda B y otros, un día sienten que algo no funciona, que algo va mal. No son las piernas, es la cabeza. Muchas veces la parte más fragil de un futbolista.

Mathias Coureur, jugador francés del Atlético Baleares, anunció ayer por la tarde a través de su cuenta de Twitter que se retira del fútbol “para vivir una vida normal”. El jugador, de 24 años, que había llegado a España hace tres años para fichar por el Orihuela, tenía por delante una prometedora carrera futbolística pero su cabeza no pudo más.

Es inevitable en momentos como estos no acordarse de Robert Enke y su diario. De como las críticas de la prensa, la afición y parte de sus compañeros en el FC Barcelona empezaban a hundir al joven portero alemán. De como su prometedora carrera se convirtió en un infierno que, pese a ir acompañado del éxito deportivo, acabó por hacerle insoportable la existencia.

Por suerte, no todos los casos han sido tan dramáticos como el de Robert Enke. Soldevilla estuvo de baja seis meses por depresión, Patrice Loko, ídolo en el PSG, tuvo que parar en la temporada 1997 – 1998. La situación es tal que, tras el suicidio de Gary Speed, la Asociación británica de futbolistas planeó lanzar una publicación de consejos para combatir la depresión.

Pero los focos, la presión y las críticas no sólo están en als grandes ligas europeas, no sólo pueden sufrir las cracks mundiales. En las pequeñas ligas se han dado los mismos casos, aunque con menor relevancia. Ahora Coureur ha sido el último en no aguantar. En sucumbir ante el poder de la notoriedad. Esperemos que sea un pequeño bache, que se recupere y lleve lo que tanto ansía: una vida normal.