Lanzarote, una zurda exquisita


Lanzarote, del barro a primera. Imagen: Marca

Lanzarote, del barro a primera. Imagen: Marca

Dos años y cuatro meses han pasado desde que rozase por segunda vez con la yema de los dedos el ansiado ascenso. Dos años y cuatro meses después, el estadio de Los Cármenes fue testigo de su primer gol en primera división. Manuel Lanzarote escribió con letras de oro, con una suavidad pasmosa, su nombre en la máxima categoría del fútbol estatal.

Llega un momento en el que un jugador tiene que decidir si lo correcto es dar un paso atrás. Un paso atrás simplemente para coger fuerza e ir directamente hacía la élite. De la mano de Natxo González, Lanzarote dio ese pasito atrás. Volvió a casa, volvió a Barcelona para convertirse, casi sin darse cuenta, en el buque insignia de un proyecto. Un proyecto que no acabó bien, por once metros, pero que a Lanza le sirvió para ganarse un hueco en esta, nuestra categoría de bronce. Y a partir de ahí, solo mirar hacia arriba.

No fue en Sant Andreu donde debutase en Segunda B. Lanza ya había probado las mieles de esta categoría con el filial del Barcelona, con el filial del Atlético, con el Lleida (con el que incluso jugó en segunda división) y con el Real Oviedo. Dos descensos se contemplaron en estas aventuras. Pero aún estaba por llegar el descenso más duro de todos. El suyo propio a la tercera división. Sin continuidad, este elegante futbolista tendría que recalar en la cuarta categoría para probar suerte. La zona norte de Barcelona su destino, la cuatribarrada su zamarra… y en Barcelona estaría el final de su viaje. Aunque él no podría imaginarse que llegaría a esa estación tan lejana.

En tercera división empezó su ausencia. Debutando en liga con el Sant Andreu, ya anotó el primer gol ante el Vilanova. El primero de un total de diez, tres de ellos en el Play Off de ascenso, que acabarían con el retorno del equipo andreuenc a Segunda B. Con el diez a la espalda, Manolo Lanzarote volvía a la categoría de bronce, esta vez decidido a dejar huella. Con 24 años, aún tenía mucho futbol en sus botas. No era el jugador con más físico. Quizás tampoco el temple parecía ser su punto fuerte, con tres expulsiones esa misma temporada. Pero futbol sí que tenía. Y menudo futbol. Se sentía importante. Se sentía querido. Esta vez sí que iba a dejar su nombre marcado en nuestra categoría. Jugando en hierba artificial, en hierba natural, en auténticos patatales, sus regates desde la banda izquierda marcaban el tempo del equipo. Trece goles anotó el jugador barcelonés esa temporada, siendo el máximo goleador de la temporada. Cuatro de ellos en las últimas cuatro jornadas, cuando el equipo luchaba por entrar en Play Off. El equipo necesitaba su ayuda, y él se cargó el equipo a su espalda. Ya era ese jugador importante que su clase merecía ser. El Alcorcón en primera ronda de Play Off le apeó de su sueño del ascenso.

Lanzarote sellando para la UESA el primero de los dos PlayOff a segunda. Foto: flamaiginesta.com

Lanzarote sellando para la UESA el primero de los dos PlayOff a segunda. Foto: flamaiginesta.com

En el grupo tercero ya se le conocía. Pero él quería más. Quería la segunda división. Y lo rodearon de una plantilla increíble. A los asiduos a segunda división le sonará Luso, Abraham Minero, Máyor, Miguélez… El Sant Andreu fue directo a por el campeonato del grupo. Lanza seguía mostrando su clase, con grandes regates, grandes jugadas. Y sobre todo un guante en su pierna izquierda. Los porteros temblaban con las faltas frontales, con su balones colgados. Simplemente con su magia. Se vieron goles desde el medio campo, de libre directos, tras grandes jugadas en diagonal, incluso un gol olímpico. Los campos de barro de la categoría de bronce habían, ahora sí, forjado un jugador de gran clase, de gran estilo, y que quería ser importante. Solo un gol mal anulado en Ponferrada a Máyor, una tanda de penaltis interminable, y un piscinazo de Nolito en el Miniestadi le privaron de su ansiado ascenso. Una promoción que acabó de mostrar los roces con el hombre que le había devuelto a Barcelona. Lanzarote no fue convocado para el partido de ida de esa final. Quién sabe si con él en el campo si se hubiese logrado el ascenso. La realidad es que la suerte fue esquiva. El equipo se deshizo. Y Lanza no pudo encontrar nada más arriba, así que tras una breve estancia de unos días en el Atlético Baleares, se fue a otro favorito de la categoría, a ver si ahora si, en Ipurua encontraba el ascenso.

Cuatro partidos tardó Lanzarote en meterse la afición del Eibar en el bolsillo. Doblete en el campo del Caudal para remontar y ganar el partido. Y así hasta once esa temporada con el equipo armero. No notó el cambio al duro futbol vasco. Lanzarote ya era un jugador adaptado a la categoría. Un crack de la categoría. Pero se le volvió a escapar el ascenso cuando ya lo tenía a tocar. Solo tenían que ganar en casa. Lanza marcó el gol de su equipo, pero el 1-1 fue insuficiente ante el Sabadell. En la siguiente ronda, el Alcoyano les volvió a apear, con otro 1-1, en el que fue Lanza el que anotó dicho gol también.

Primer gol en primera. Foto: deportes.cwpanama.com

Primer gol en primera. Foto: deportes.cwpanama.com

No podía ser. Un gran jugador. Un crack, pero que se le volvía a escapar el sueño del ascenso a la segunda categoría estatal. Y cosas del destino, su último verdugo venía a buscarle. Lo que no había podido lograr en el campo, se lo quería ofrecer el Sabadell. Como reconoció en una entrevista a “Historias de Segunda”, le costó fichar por el equipo arlequinado por ser el equipo que le birló el ascenso. Pero acabó volviendo a la provincia de Barcelona.

Esta vez sí, había triunfado en la categoría de bronce. Atrás quedaba su paso por Lleida y Oviedo entre otros. Llevando en volandas a Sant Andreu y Eibar, al borde del ascenso, un jugador había nacido otra vez en nuestra categoría. Esta categoría tan bonita como es la Segunda B. Luego en Sabadell, setenta y un partidos, y veintitrés goles en dos temporadas. Catorce en esta última, para conseguir mantener al equipo ambas temporadas en segunda división.

Y la primera división llamó a su puerta. Volviendo a su ciudad, el chaval salido del barrio de La Mina tenía su oportunidad en el futbol de élite. El Espanyol se hacía con sus servicios este verano. La afición tenía sus dudas. Venía de segunda división, y no de un equipo puntero. Aquí no dudábamos de él. Al menos yo personalmente no. Sabíamos de su magia. Sabíamos de su regate. Sabíamos de su zurda. Y menuda zurda. En su primer partido de titular en primera división, sacó a pasear la zurda. Suavecita, colocándola donde solo él sabe. Lejos del portero. Un portero que aún la busca. Porque Lanzarote hizo lo que ya había hecho muchas veces antes en nuestra categoría. Ya lo había hecho muchas veces en Segunda B. Buscó la escuadra por encima de la barrera, y la encontró. La encontró para escribir ya su nombre para siempre en primera división. Y lo que le queda aún. Con el número 12, Manuel Lanzarote Bruno quiere seguir marcando en primera. Y llegar a Europa. Porque su clase forjada en Segunda B, bien se lo merece.


  • mariano

    muy buen articulo