Ni contra ocho

El Real Oviedo vuelve a atascarse, aun siendo el dueño indiscutible de la posesión del balón, para acabar viendo como, otra vez, su rival saca puntos del Tartiere


Señé ante Dani Mateos. Imagen: lne.es

Señé ante Dani Mateos.
Imagen: lne.es

Cinco son los puntos que han visto ya los de Carlos Granero partir en el autobús del equipo visitante. En cinco partidos, son demasiados para un equipo que aspira a campeonar y que saca varias cabezas de distancia a sus rivales, en lo que a presupuesto se refiere.

Ayer, el Tartiere vio al mejor Oviedo – ofensivamente hablando – de lo que va de liga. Xabier Annunziata tuvo mucha culpa de ello. El canario fue el único jugador que insistió en pedirla al pie para intentar mover al equipo – hasta el punto de abroncar a sus compañeros ante cualquier amago de juego en largo – y los de Granero lo agradecieron. Él, Salva Rivas, que ha dotado al equipo de un equilibrio más que necesario, y Sergio García, que se enfrentaba a su ex-equipo, fueron los más destacados de la escuadra carbayona. Defensivamente, los de azul estuvieron como siempre: dubitativos, faltos de consistencia, de contundencia y, lo más preocupante, sin una cohesión ni un trabajo defensivo notorios. Los balones a la espalda de la defensa sumían en un mar de dudas a los de Granero.

El conjunto rojiblanco, por su parte, se presentó con la lección bien aprendida: esperó en el centro del campo para iniciar la presión e intentó hacer el campo corto para limitar los espacios. El derroche físico de Jacobo Trigo y de Di Biase, en el doble pivote, fue uno de los puntales que sujetaron al equipo ante la insistencia carbayona. A pesar de los movimientos de Cervero, que salió en muchas ocasiones de su hábitat natural para bajar al medio a recibir y de la superioridad numérica de los de Granero en la medular, tanto el gallego como el argentino dieron la talla en todo momento. Mientras, Jorge Hernández y Montero presionaban la salida de balón carbayona y Miguel Santos y Rubén Sánchez, en menor medida el ex-atlético, ayudaban a sus laterales en la labores defensivas. Ofensivamente, los mesetarios buscaban llegar en pocos toques al área rival para evitar que se fijasen las marcas. Los balones al espacio, sobre todo, buscando la espalda de la zaga, fueron un incordio constante para el Oviedo.

El cuadro azul adquirió el monopolio de la posesión del balón desde el minuto uno del partido, aunque el control del mismo fue más bien alterno y arrojó ocasiones para ambos, hasta que en el último cuarto de hora las expulsiones hicieron que el partido perdiese el Norte y se fuese por otros derroteros.

Roberto Aguirre, técnico del Zamora, dando instrucciones a sus pupilos. Imagen: lne.es

Roberto Aguirre, técnico del Zamora, dando instrucciones a sus pupilos.
Imagen: lne.es

La primera ocasión clara llegó en un taconazo de Cervero que Sergio García intentó ajustar a la escuadra. Un defensa evitó lo que hubiese sido un tanto de bella factura para los carbayones. La oportunidad no amilanó a los rojiblancos, que tuvieron la réplica en un disparo de Jorge Hernández que se fue ligeramente alto.

La primera ocasión clara del encuentro llegaría para los ovetenses. Sergio García, muy activo en la primera mitad, se fue de Dani Mateos y centró raso buscando a Annunziata. Al ex de Osasuna se le quedó el balón atrás y David Alba, incorporado desde el lateral, chutó fuera con todo a favor.

El encuentro seguía abierto y el Zamora buscaba hacer daño con balones a la espalda de la defensa. En una jugada así llegaría la mejor ocasión rojiblanca de la primera mitad, cuando Nico Di Biase superaba por alto a la defensa buscando a Jorge. El diez se hizo con el esférico y solo, desde el pico del área de pequeña, cruzó demasiado.

La más clara del partido, sin embargo, llegó en un disparo desde la frontal de Annunziata. El jugador finalizó con un disparo colocado una jugada que él mismo había iniciado, pero el poste se interpuso entre él y el gol. Al rechace, David Alba fallaría lo imposible, con Imanol batido y el arco a escasos dos metros, chutando fuera.

El comienzo de la segunda mitad presentó un partido similar al de la primera parte. Sin embargo, a los pocos minutos, el control del partido comenzaría a tornarse alterno. Montero, en dos ocasiones, buscó el gol pero en ninguna encontraría la portería.

Los cambios perjudicaron al Oviedo

Con media hora por delante y el partido controlado, Granero decidió empezar a jugar sus cartas. Alain por un desaparecido Héctor Simón y Eneko por un Susaeta que ya no es el de hace algunas semanas fueron los movimientos del valenciano.

La entrada de Alain hizo que el Oviedo perdiese la superioridad numérica de la que había gozado, hasta entonces, en la medular. Annunziata era ahora la única referencia en la creación, con Salva Rivas escoltándole y arriba Arroyo con Cervero. Esto niveló la contienda en el centro del campo e hizo crecer al Zamora.

Montero tuvo una clarísima ocasión para su equipo en un libre indirecto lejano. Di Biase lo botó al área, el punta controló, en el segundo palo, y, cuando ya cantaban gol los rojiblancos, Orlando Quintana lo evitó. La zaga hizo el resto, alejando el balón de la línea de gol.

Los rojiblancos se crecían por momentos, conscientes de que si echaban el resto por irse arriba se les acabaría haciendo enorme el Tartiere y el Oviedo buscaba recuperar el monopolio del esférico.

Una roja, dos rojas, tres rojas

El partido no estaba siendo, ni mucho menos, bronco, – Cid Puga tan solo había mostrado tres amarillas – pero, a falta de quince minutos para el final, se volvió loco. Una amarilla cuestionable a Nico Di Biase significaba la expulsión del bonaerense,  que ya había visto una en la primera parte, y sumía al encuentro en el descontrol total.

Diego Cervero, en el suelo, tras la agresión de Ramiro. Imagen: lne.es

Diego Cervero, en el suelo, tras la agresión de Ramiro.
Imagen: lne.es

Diez minutos más tarde, Ramiro veía la roja directa por una agresión sobre Cervero y, dos minutos después, el expulsado era Montero por perder tiempo al ser sustituido. Quedaban cinco minutos para el noventa y el Zamora los jugaría con ocho jugadores.

Ante tal panorama, el conjunto rojiblanco planteó un 7:0 en defensa, más propio del balonmano que del fútbol, pero las circunstancias obligaban a defender así los balones fronatles colgados por Josep Señé.

Contra el ocho, el conjunto azul se dejó llevar por la ansiedad y las prisas por ganar. Esto no impidió que Señé mandase un balón al palo y que Alain Arroyo fallase una ocasión franca de gol a la salida de un córner.

Al final, el Real Oviedo no pudo ganar, ni contra ocho, aunque ocasiones tuvo para ello. Como también las tuvo el Zamora CF, mientras jugó con once. Los zamoranos pescan un punto valioso pero pagan un alto precio por él, ya que, Di Biase, Montero y Ramiro no podrán estar en Burgos.