Rodillo rojiblanco

El Sporting B arrolla a un Oviedo que sólo fue superior cuando la fatiga comenzó a hacer mella en los chavales de Abelardo


Pablo Pérez lucha un balón con Owona, en el partido de la temporada pasada. Imagen: realsporting.com

Pablo Pérez lucha un balón con Owona, en el partido de la temporada pasada.
Imagen: realsporting.com

La superioridad de uno u otro equipo no siempre consigue plasmarse en el marcador, valga el partido de hoy como ejemplo. El Sporting fue superior, y mucho, al equipo carbayón, pero el resultado no lo reflejó. Ni tan siquiera en los minutos que los rojiblancos se pusieron por delante, merecieron haberlo hecho mucho antes.

No es que el Oviedo llegase tarde al partido, que también, es que el filial rojiblanco anuló todas y cada una de las virtudes de los azules, y agudizó sus muchos defectos, durante 67′, momento en el que el “Pitu” tuvo que retirar a Pablo Pérez por problemas físicos – jugó infiltrado – y dar entrada a Guillermo. La ausencia del “10”, unida a que el estado físico del equipo comenzaba a ser un lastre, hizo que los de Granero pudiesen asomarse al partido.

El filial entró al partido como de costumbre: intenso, sin medias tintas ni conformismos con el empate. Quizá, algo más centrado que en otras ocasiones por la entidad del rival, pero planteando el mismo estilo que a lo largo de la temporada. Pablo Pérez abarcó campo, encontró espacios y jugó fácil, tan fácil que recordó a los grandes del balón. Arriba, Yacine realizó una labor oscura, de esas que ni tienen premio ni son reconocidas pero que valen mucho más que los goles, y, en las bandas, Jony y Mera ganaron la espalda, una y otra vez, a los laterales azules.

Lo mismo hizo el Oviedo, que, una vez más, fue ese equipo que no refleja en el campo los millones invertidos en los despachos. Algún chispazo de Annunziata, alguna carrera de Eneko y poco más. Sólo el equilibrio de Iván Rubio parecía intentar poner orden en un equipo caótico que comenzó intentando mandar y no tardaría mucho en entregar las armas.

Pasaban pocos minutos desde el comienzo del partido y el equipo gijonés ya ganaba a los puntos. Yacine tuvo la primera, en un centro raso de Jony, a los dos minutos y, en el once, Pablo Pérez dejó la primera perla con una gran conducción que acabó en un pase al hueco para que, primero Jony, y Yacine después, hiciesen emplearse a fondo a Orlando. Los minutos avanzaban y el Oviedo seguía a merced de la corriente rojiblanca, un cabezazo de Pardo, que se fue alto, al saque de una falta lateral botada por Susaeta pareció meter a los de Granero en el partido, pero se quedó en una mera apariencia. Igual resultado tendría, minutos después, un córner raso botado por el donostiarra y chutado alto por Iván Rubio.

La mejor ocasión azul llegaría en una gran acción individual de Annunziata. El canario centró al segundo palo, Eneko controló bien, pero su remate mordido se iría lamiendo el poste.

Faltaba apenas nada para el descanso, cuando Juan Mera consumó su primera gran genialidad de la noche. Caracoleó ante Álvaro Cuello, salió por fuera, centró al segundo palo y Pablo Pérez, “con el escudo”, hizo justicia poniendo por delante a su equipo.

Por si en la primera mitad no hubiese quedado claro el dominio local, al comienzo de la segunda, Yacine vería como le era anulado, por un dudoso fuera de juego, el que hubiese sido el segundo gol gijonés. El Sporting quería más.

En el 53, Granero dio entrada a Señe para intentar acercarse a la meta de Dennis. El catalán lo intentó, pero ninguno de sus disparos conseguiría inquietar al portero del filial. Mera, en otra acción individual, pudo aumentar la cuenta, pero el chut no encontró portería.

Los jugadores del Sporting B celebran, en el vestuario, la victoria. Imagen: @Jony2426

Los jugadores del Sporting B celebran, en el vestuario, la victoria.
Imagen: @Jony2426

Justo antes del empate, con Pablo Pérez ya en el banquillo, pudo salir de una jugada entre Yacine y Zambrano la sentencia, pero el disparo del ex-recreativista se marchó fuera.

Faltaban diecinueve minutos para el final cuando Susaeta arrancó con el balón desde la derecha, caracoleó hacia adentro, chutó con la izquierda, y coló el balón en la escuadra contraria de la meta de Dennis. Excepcional el disparo del extremo. El tanto metió al Oviedo en el partido, que un minuto después volvería a confirmar que el guardameta rojiblanco había saltado al césped – algo dudoso durante los primeros setenta minutos -, pero con eso no bastó para hacer el segundo.

Como anticipo de lo que estaba por llegar, Yacine, en el noventa, padeció otra oportunidad para marcar que Orlando Quintana tapó perfectamente. Y, en el descuento, cuando el partido ya estaba visto para sentencia, Mera se sacó otro conejo de la chistera para dejar los tres puntos en casa.

El extremo, ya en banda izquierda, “evitó” – pues el balón superó la línea – que la pelota saliese del campo, se paró ante Pardo, le rompió la cintura con un genial detalle técnico, se fue hacia dentro, chutó fuerte hacia el segundo palo e hizo que el Molinón llegase al clímax. No hubo tiempo para más.

Al final, justa victoria para los de Abelardo, que fueron mucho mejores que su rival pero tuvieron que esperar demasiado para recoger su merecido premio.