Opinión | Coger el toro por los cuernos

Puro, Carajillo y Mikasa, la columna de Arturo Alejo


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Coger el toro por los cuernos

Esta semana he recordado la frase que me dijo un presidente de un equipo de 2ªB hace un par de temporadas: “Yo lo quiero dejar, porque estoy cansado, pero no puedo porque nadie quiere coger el relevo”. Por eso quiero reflexionar sobre del papel del presidente de un club de fútbol, no S.A.D., y la ausencia de candidatos a asumir tan ingrato papel.

Si se habla de presidentes de equipos de fútbol lo primero que nos viene a la cabeza son los Florentino Pérez, Jesús Gil, Roman Abramovich, Silvio Berlusconi,… pero desde luego no nos vendrán a la cabeza los Tomás Lorente, Jesús Miranda, Javier Landeta, Jorge Hernández,… Porque lejos de los focos de la prensa ser presidente de un equipo significa realizar un trabajo anónimo y sacrificado.

Actualmente, una junta directiva de un equipo mínimo tiene que contar con una docena de personas para cubrir todas las tareas que deben realizarse de una manera que sea compatible con la vida profesional de dichos miembros. Esto dificulta mucho la labor de configuración de una lista para presentarse, ya que ser miembro de una junta directiva significa muchas horas de trabajo sacrificando un tiempo libre destinado a la familia o a uno mismo. Además, lejos de los grandes ingresos económicos los clubes más humildes necesitan una liquidez que es bastantes ocasiones corre a costa de los propios miembros de las directivas, como me dijeron en una ocasión “recibo subvenciones públicas, pero me las dan a final de temporada, mientras entre todos ponemos el dinero para ir tirando”.

Ser presidente de un club también significa ser la cabeza visible de la entidad, por lo que los comentarios a todas las acciones que se toman, por mucho que se explique, serán habitualmente criticas agrias, que obligan a la persona que toma el sillón presidencial a tener que crearse una coraza para protegerse. ¿Y cuando las cosas van bien? Pues los halagos se hacen de rogar, porque lograr un éxito (ascenso, permanencia,…) parece ser que es los mínimo que se pide a todos los equipos que compiten.

Con este panorama no es de extrañar que muchas veces los clubes sufran lo indecible para poder sacar adelante una única plancha electoral para ponerse al frente del equipo o que los socios conscientes de que nadie de ellos va a dar el paso se dejen engatusar por grupos inversores que prometen el oro y el moro, dejando al final auténticos agujeros negros en las cuentas. Lamentablemente, las gestoras cada vez ocupan más espacio en las directivas de los equipos más humildes lo que compromete muchas veces no solo el proyecto deportivo, sino también el social.

En mi opinión, que nadie quiera asumir las responsabilidades de dirigir un club son el fiel reflejo de una sociedad donde las responsabilidades no asustan y donde la postura sencilla es criticar sin conocer el fondo de las decisiones ni sumar para mejorar las cosas. Tampoco las federaciones e instituciones lo ponen sencillo con una burocracia que obliga a tener juntas directivas amplias para poder cubrir todos los aspectos del equipo, sin olvidarlo, de forma gratuita.

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Etiquetas: La Segunda B

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