El lío de los contratos en Segunda B

Muchos futbolistas verán como sus contratos finalizan el 30 de junio


LaSegundaBes
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La RFEF anunciaba días atrás que había llegado a un acuerdo con la FIFA para prolongar automáticamente los contratos de los futbolistas que finalizan este 30 de junio y así poder dar continuidad al fútbol más allá de esa fecha, teniendo en cuenta el difícil momento que vivimos.

Los jugadores del Sanse celebran un gol | UD Sanse

Pero, ¿es real que la RFEF pueda ampliar los contratos? Veremos que es más difícil de lo que puede parecer y que esa medida busca más el compromiso del futbolista que ser una medida que funcione realmente. Más aún en Segunda B, donde existe una alta temporalidad y donde muchos futbolistas se comprometen con gran antelación buscando su salto al fútbol profesional. Lo explicamos.

¿Qué tipos de contratos existen?

Empezamos por las licencias, que son muy importantes para entender todo este problema: en Segunda B existen dos tipos de licencias: profesionales (hoy día, mayoritarias) y amateur. Los primeros tienen obligación de tener contrato federativo y laboral, los amateur no. Se supone que no perciben dinero por su actividad. La realidad es diferente y, de hecho, parte del control económico que quiere fijar la RFEF por medio del plan Impulso 2023 buscará eliminar esa trampa tan común.

En cuanto a los futbolistas amateur: sólo firman una licencia por un tiempo (temporadas) determinado. No cuentan con contrato. Por lo que su realidad se podría ajustar al cambio normativo que quiere la RFEF, con el OK de la FIFA.

El problema está en los futbolistas profesionales, que sí firman contrato. Son futbolistas profesionales en Segunda B aquellos que cobran por ello, tienen ese tipo de licencia y están dados de alta en seguridad social. Tienen un contrato laboral, por tanto. Un contrato como el de cualquier otro trabajador por cuenta ajena.

El problema reside en los futbolistas profesionales.

Los futbolistas profesionales, en el momento que se comprometen con un club, firman dos contratos: uno federativo y uno laboral. Son diferentes y no tienen relación entre sí, porque cada uno se encarga de cubrir un ámbito diferente. Eso sí, la RFEF exige que todo futbolista con categoría de profesional cuente con un contrato laboral y obliga a presentarlo para que su ficha se pueda tramitar. Pero son diferentes por completo: uno se ajusta a la normativa federativa y el otro a la ley laboral.

El contrato federativo une a futbolista y club por un número de temporadas determinado. Esas temporadas finalizan el 30 de junio. Se trata de un compromiso mutuo: el futbolista ofrece sus servicios y el club se compromete a expedir licencia por el tiempo o temporadas que dura ese contrato federativo. El contrato federativo, cuando concluye, lo hace el 30 de junio del año “x”. Este es el contrato que la RFEF quiere ampliar más allá del 30 de junio de manera automática si se reanudan las competiciones. Tiene el visto bueno de la FIFA. Lo ampliaría por el tiempo necesario para finalizar la temporada actual y se terminaría justo con el último partido para poder dar arranque a los contratos federativos de la 2020/21.

El otro contrato que firma un futbolista profesional es el laboral. El que firma cualquier otro trabajador de España. Se trata de la relación laboral que se genera entre el club (empleador) y el futbolista (empleado). Ese contrato refleja las condiciones por las que el futbolista presta un servicio al club, que paga por ello una determinada cantidad de dinero. Este contrato también es de duración determinada, como el Federativo.

Sin embargo, en el contrato laboral la RFEF no tiene nada que decir: no tiene competencias para ampliarlo automáticamente u obligar a club o jugadores a hacerlo. Simplemente, porque es un contrato que se ajusta a la ley laboral, no a la normativa federativa. Por lo tanto, si un contrato laboral termina el 30 de junio de este 2020, bien el club o bien el jugador se pueden negar a prolongarlo más allá de esa fecha, y la Federación nada podrá decir ante esa decisión. Como trabajador o como empleador, las dos partes tendrán ese derecho. Y desde ese día, ya bien sea por voluntad del club o del jugador, éste último dejará de pertenecer a su disciplina.

Por lo tanto, una vez se alcance el 30 de junio de 2020, la voluntad de ampliar esa vinculación club-jugador será siempre de esas dos partes, y nunca de la RFEF, que solo tiene potestad en lo federativo.

Por qué este problema afecta más a la Segunda B

Vamos con el siguiente capítulo de esta interesante historia: el 2 de enero. La normativa FIFA fija que cualquier futbolista que finaliza contrato el 30 de junio de ese mismo año puede negociar y firmar con otro club respecto al que se encuentra. Es decir, un futbolista que acaba contrato este 30 de junio puede tener ya firmado otro contrato con otro club a partir del 1 de julio de 2020. Algo que impediría la prolongación de los dos tipos de contrato, al abrirse una vinculación con un tercero.

Esto hace que muchos futbolistas de Segunda B (y de categorías superiores) no estén dispuestos a prolongar sus contratos laborales junto a los federativos con sus actuales clubes al haberse comprometido con otro club. De hecho, esos futbolistas no podrían comprometerse a ampliar su contrato, pues ya habrían firmado con su nuevo club que les exigirá exclusividad en sus servicios y no estar vinculados a otra entidad (cláusula básica y siempre presente en todos los contratos).

Ejemplo práctico: futbolista de “X” equipo del Grupo I de 2ªB que está destacando firma el 10 de marzo por un equipo “Y” que juega en Segunda División un nuevo contrato a aplicar a partir del 1/7/2020. Difícilmente su nuevo club y el futbolista aceptarán prolongar el actual.

Para terminar, hablamos de cifras, donde encontramos por qué afecta este problema más a la Segunda B que a otras categorías: aproximadamente el 70% de los futbolistas que no juegan en un equipo filial de Segunda B (unos 60 clubes) finalizan su contrato actual el 30 de junio de 2020. Es la categoría donde mayor es este problema, donde más contratos terminan en esa fecha por la tradicional temporalidad de las vinculaciones. Las cifras están ahí.

Por lo tanto, de continuar las competiciones los clubes se enfrentarán a un problema: muchos de sus futbolistas no aceptarán esa prolongación de su contrato laboral más allá del 30 de junio. Es su derecho y la RFEF ni su club actual podrán hacer nada por evitarlo. Así pues, muchos equipos de Segunda B se verán en el problema de contar con varios futbolistas menos de los que ahora cuentan en su plantilla a partir de ese 30 de junio si estos no desean prolongar su contrato o han firmado ya por otro club.

Esta misma teoría se puede aplicar a los entrenadores-técnicos de los diferentes clubes de Segunda B que tengan carácter de profesional, cobren por sus servicios y que finalizan su contrato laboral el 30 de junio (sea cual sea su puesto y responsabilidad).

Se trata de un problema importante que puede darse en muchos clubes si se opta por continuar con la competición: que muchos jugadores elijan la opción de no continuar vinculados y dejar de prestar sus servicios para ellos. Es su derecho. La opción de que las plantillas no se vean alteradas dependerá únicamente de la voluntad de futbolistas y clubes y no de la Federación, que no tiene voto en esta situación.

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Etiquetas: Coronavirus

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